CENTRO INTERNACIONAL DE LA PAPA: ATLAS MUNDIAL DE LA PAPA

   BOLIVIA

HISTORIA Y VISIÓN GENERAL

La papa es originaria de los Andes, de un área que incluye el actual territorio de Bolivia, donde sigue siendo el cultivo alimenticio más esencial. Muchas especies silvestres (aproximadamente 200 identificadas actualmente) aún sobreviven en esta región, concentradas mayoritariamente en los Andes al sur del Perú, a lo largo de un arco que se extiende desde el sudoeste de Bolivia al norte de Argentina. En Bolivia, esta área, muy relacionada con la actual concentración del cultivo de papa, está caracterizada por las altas mesetas del altiplano y los valles interandinos. Además de Solanum tuberosum, otras seis especies de papa son cultivadas exclusivamente en los Andes. S. tuberosum subsp. andigena es la especie más común en Bolivia y en otros lugares de los Andes (Hijmans y Spooner 2001).

Las papas son cultivadas en aproximadamente 130,000 hectáreas (FAOSTAT) por unos 200,000 agricultores (Bentley y Vasques 1998, p. 1), de los cuales alrededor del ochenta por ciento cultiva menos de una hectárea de papa cada año. En Bolivia, la papa es principalmente un cultivo de minifundistas, mucho más que en Perú o Ecuador (FAOSTAT). Aproximadamente la mitad de los productores de papa la cultivan para el autoconsumo y solamente un quince por ciento lo hace para la venta (Terrazas et. al. 1996, p. 2).

Según informes de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), la producción de papa en Bolivia durante la década pasada se incrementó generalmente debido a los promedios más altos de rendimiento en un área relativamente constante de tierra dedicada a la producción del tubérculo. Sin embargo, la tendencia creciente de los promedios de rendimiento no ha sido consistente a través del tiempo y varía por regiones y niveles de insumo agrícolas, desde los cultivos de bajos insumos de los agricultores independientes característicos del altiplano, hasta las parcelas agrícolas más comerciales de los valles de Santa Cruz en el sudeste. Como ocurre con frecuencia en los Andes, se debe hacer una excepción a las tendencias a través del tiempo en los años de El Niño, más recientemente los de 1984 y 1998, que causaron severas sequías y pérdidas de cultivos en áreas donde la papa es el cultivo principal (NDMC).

Gráficos de Producción

Acerca de estos gráficos

Tal como viene ocurriendo en toda Sudamérica, Bolivia se está urbanizando. Entre 1975 y 2002, la población urbana creció desde aproximadamente 41 por ciento a casi 63 por ciento (PNUD). Sin embargo, el país todavía sigue ostentando proporcionalmente la población rural más grande de la región, así como el mayor porcentaje de personas viviendo en pobreza, que en las áreas rurales llega hasta el noventa por ciento (Bojanic 2001, p. 3).

El sector agrícola mantiene una contribución al producto bruto interno de quince por ciento, relativamente alta a nivel regional, y representa el 35 por ciento de todas las exportaciones (legales), principalmente con productos de las tierras bajas tales como fréjol de soya, algodón y azúcar, junto con café producido a más altitud (Bojanic 2001, p. 3). El mercado interno de la papa encara el desafío de la importación de arroz y trigo (como venta comercial y como donaciones), que ha crecido tremendamente durante la década pasada (FAOSTAT).
 

GEOGRAFÍA Y ZONAS DE PRODUCCIÓN

Geografía Física

En términos eco-geográficos muy generales, Bolivia puede dividirse en tres grandes regiones, con áreas aproximadas de '000 kilómetros cuadrados (Montes de Oca 1997):

  • Altiplano, o meseta alta (246);
  • Valles interandinos (168);
  • Tierras bajas tropicales y subtropicales (684).

Gran parte del cultivo de papa tiene lugar en el altiplano y en las regiones de los valles andinos. En una encuesta realizada en los 90s, se reportó que la elevación media del cultivo de papa era de 3,000 a 3,500 metros sobre el nivel del mar (msnm), con casi un tercio de los campos incluidos en la muestra en altitudes por encima de los 3,500 msnm. Las pendientes entre tres a veinte por ciento son comunes, pero alrededor de un tercio de los campos incluidos en la muestra estaban en pendientes que excedían el veinte por ciento (Terrazas et. al. 1996, p. 2).

El altiplano y los valles de mayor altitud de Bolivia forman parte de lo que se ha descrito como los "Andes de alto riesgo climático", caracterizados por poca precipitación y extrema variabilidad climática. Los valles interandinos de menor altitud generalmente están en el oriente y típicamente forman parte de los "Andes amarillos", con un régimen de lluvias más adecuado y menor variación climática extrema. Los "Andes verdes", de precipitación adecuada y mínima variabilidad climática, descritos en el norte de Perú y de Ecuador, por lo general no se encuentran en Bolivia (Tapia 1993, citado por Hellin e Higman 2002, p. 3).

Tales distinciones, no obstante, deberían tratarse como categorías muy amplias de uso limitado para entender lugares particulares, debido a que la región andina es muy compleja y localmente variable. Incluso cruzando distancias horizontales cortas, las diferencias en altitud, pendiente y otros aspectos pueden dar como resultado una tremenda diversidad de suelos, drenaje, exposición solar, regímenes de temperaturas diurnas y condiciones de evapotranspiración. Las zonas dentro de un valle donde la agricultura es factible, con frecuencia están aisladas de otras zonas agrícolas de los valles adyacentes por extensas áreas de muy grande altitud (Brush et. al. 1994).

  • En el Archivo Digital Europeo de Mapas de Suelos (European Digital Archive of Soil Maps, Bolivia  se encuentran muchos mapas con clasificaciones más específicas, por ejemplo por tipo de suelos, zonas agroecológicas y uso de la tierra. Muchas de esas imágenes han sido digitalizadas de mapas impresos, de claridad variable.

Zonas de Producción


 
 
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       Acerca de este mapa
 
 

El Altiplano. A lo largo de 840 kilómetros, desde el lago Titicaca hasta la frontera de Bolivia con la Argentina, el altiplano está encerrado entre dos cadenas andinas, la Cordillera Occidental y la Cordillera Real. Con altitudes que varían entre los 3,000 y los 4,310 msnm, el altiplano ha sido descrito como una "tundra alta, triste, estéril, barrida por el viento, con la paradoja de un sol tropical ardiendo a través del aire frígido" (Osborne 1964, p. 9, citado por Benton 1999, p. 15). Los colonos indígenas hace miles de años aparentemente veían la región de manera diferente, como un lugar que les proporcionaba sitios fácilmente defendibles, fértiles suelos volcánicos en ciertas áreas, pendientes que podían ser productivamente sustentables si se les convertía en terrazas, pocos problemas con plagas y enfermedades que se encontraban en las tierras bajas de los alrededores, y un rango altitudinal que les permitía la producción de una vasta variedad de cultivos (Benton 1999, p. 16). Muchos de esos cultivos eran, y son, tubérculos, incluida la papa.

Hijmans et. al. (2003) señalan el área de interés para la producción de papa como la región definida por la captación del lago Titicaca, el río Desaguadero, el lago Poopó y el lago salado de Coipasa, al sur. Esto excluye el área situada más al sur del altiplano, que se caracteriza por ser muy árida, escasamente poblada y con poca significación para la agricultura. Incluso con esta área de interés, la mayor cantidad de cultivo de papa ocurre al norte del río Desaguadero. El setenta y cinco por ciento de esta región se halla entre los 3,600 y los 4,300 msnm, y el porcentaje restante a mayor altura.

La papa es, de lejos, el cultivo más importante de la región, estimándosele un aporte de 63 por ciento del valor bruto de los cultivos productivos. Los rendimientos estimados de la papa son bajos, aproximadamente 5.2 toneladas por hectárea en el altiplano norte de Bolivia (que se extiende hasta el sur del Perú), y alrededor de 3.6 t/ha en el sur. La producción de papa es compatible con las precipitaciones, las más altas en el norte, en las vecindades del lago Titicaca, donde el porcentaje anual de precipitación bordea los 800 milímetros, y las más bajas en el sur, en las cercanías del lago salado de Coipasa, que alcanzan los 200 milímetros. El clima por lo general no sólo es limitante, sino anualmente variable; el cultivo de la papa es riesgoso debido a factores climáticos como la sequía, granizo y heladas (Hijmans et. al. 2003).

Valles Interandinos. También llamados "subpuna" (Ochoa 1975, p. 20), esta área se ubica al este de la Cordillera Central, a más baja altitud que el nivel principal del altiplano, donde se localizan muchas de las ciudades más grandes de Bolivia, como Cochabamba. La puna (también llamada jalka en Perú) es un término aplicado a una ecorregión andina de altitud media y clima frío no sujeta a heladas regulares a lo largo del año, donde las papas y otras tuberosas son, por lo general, predominantes (Brush 1977, pp. 8-13).

Algunos valles propicios para el cultivo de papa son clasificados como yunga, traducción de un término quechua que significa "tierra caliente" (ibid.), y/o en aymara "valle cálido" (US LOC capítulo 26), la última es, por lo general, la descripción más aceptable. En algunos regímenes, el término es también reservado para un área del flanco nordeste de la Cordillera Real (ibid.). La tierra yunga es una de las más fértiles de Bolivia, pero carece de acceso debido a caminos deficientes que han limitado su desarrollo agrícola. Los yungas con pendientes pronunciadas situadas frente a la cuenca amazónica, al norte y al este, pueden ser especialmente húmedos, con persistente niebla y llovizna, debido a los vientos cargados de humedad caliente. A grandes alturas (1,800 a 2,400 msnm), los yungas se caracterizan por sus bosques de neblina, donde las comunidades de plantas incluyen muchas especies silvestres de papas (Ochoa 1975, p. 20).

Valles de Santa Cruz. El cultivo de papa en los valles de Santa Cruz, localizados en el departamento de Santa Cruz, al sudeste, por lo general tiene lugar en alturas por debajo de los dos mil metros. La producción de papa, y la agricultura en general, es de un desarrollo mucho más reciente aquí, resultado de mejoras en la infraestructura, reforma de la tenencia de la tierra y el inicio de la colonización ocurrido en los 50s (US LOC, capítulo 26). Esta área es la más comercializada desde el punto de vista agrícola, mejor conocida por su producción de azúcar, algodón, arroz y semillas oleaginosas. Sin embargo, aproximadamente 65,000 pequeños agricultores siembran papas para su subsistencia y venta comercial (CABI).
 

SISTEMAS DE PRODUCCIÓN Y SUS LIMITACIONES

Una Nota sobre los Datos de Producción

Los datos de la producción de papa en Bolivia (y en otros lugares de los Andes) deben ser tomados con precaución, porque la producción de papa puede definirse de varias formas. Una encuesta extensa que abarcó varios años, realizada a comienzos de los 90s, reveló una muestra promedio nacional de 10.5 toneladas por hectárea, rendimientos en promedio más altos que los reportados por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO). Los datos de la FAO también están por debajo de las estimaciones derivadas de la detección remota vía satélite (Montes de Oca 1997, citado en Bentley y Vasques 1998, p. 3). No obstante, los estimados más frecuentes de rendimientos reportados en las encuestas de los 90s han sido muy similares a los de los datos de la FAO, los que probablemente están basados en una estimación favorable de los rendimientos típicos de los pequeños agricultores de Bolivia que usan niveles bajos de insumos químicos.

"Toneladas por hectárea" no es, sin embargo, la única manera de medir la productividad, por muchas razones:

  • Los agricultores andinos de papa por lo general planifican más en términos de producción por unidad de tubérculo-semilla sembrada, no por toneladas producidas por hectárea de terreno, especialmente cuando los tubérculos-semilla representan una alta proporción de los costos totales de producción (como en Bolivia). Asumiendo un promedio de 1.5 toneladas por hectárea de tubérculos-semilla, un rendimiento de 10.5 toneladas podría ser acorde con una tasa de multiplicación de 1:7, lo que es muy bajo para los estándares globales, pero la mitad del rango de las tasas reportadas por los agricultores bolivianos (Terrazas et. al. 1996, p. 2);
  • Los datos de producción relativos a la tierra también son complicados por el hecho de que algunos agricultores de Bolivia, especialmente a mayor altitud, logran rendimientos más altos cultivando papas después de prolongados periodos de barbecho. Un alto rendimiento en relación con el área del terreno para un año determinado podría por lo tanto ocultar un bajo rendimiento promedio durante un periodo más largo de tiempo;
  • Los agricultores podrían reportar solamente los rendimientos de las papas de calidad aceptable, no contando, por ejemplo, aquellas que no pueden venderse debido a daños visibles de la polilla de la papa.

El Calendario Agrícola

El periodo de crecimiento en el altiplano generalmente va de octubre a marzo, cuando las máximas temperaturas anuales coinciden con la estación de lluvias. Sin embargo, lo típico de los Andes en general, es que las heladas puedan ocurrir a mediados de estación, a diferencia de las regiones templadas, donde es más probable que las heladas ocurran al principio y final del periodo de crecimiento (Hijmans et. al. 2003). Por lo general, en Bolivia la cosecha principal o campaña grande de las papas sembradas al comienzo de la estación lluviosa, tiene lugar en marzo, abril y mayo (Terrazas et. al. 1996, p. 1).

Los agricultores en el altiplano a menudo se guían de las observaciones celestes para programar su cultivo de papas. Cada año durante el festival de San Juan, a fines de junio, que coincide con el solsticio de invierno en el sur, los agricultores observan la visibilidad de Las Pléyades, un conglomerado de estrellas de la constelación de Tauro. Si Las Pléyades aparecen especialmente radiantes, con todas las estrellas fáciles de encontrar, puede esperarse abundancia de lluvias cuatro meses después y una buena cosecha de las papas sembradas tardíamente en la estación. Si Las Pléyades aparecen débiles, es de esperarse pocas lluvias durante la estación y es necesario sembrar cuanto antes. Lo que puede parecer una curiosidad antropológica ha sido respaldado por la investigación científica. La escasa visibilidad de Las Pléyades en junio, causada por las nubes de cirros a grandes altitudes que no son fácilmente visibles pero pueden afectar la percepción de la luz de las estrellas, es un indicador de un año de El Niño, que en esta región está vinculado a una severa reducción de las lluvias durante los siguientes meses (Orlove et. al. 2000).

En las zonas andinas de más altitud, el calendario agrícola puede implicar operaciones que se completan a lo largo de varios años en un campo determinado, y que con frecuencia incluyen múltiples cultivos y periodos de barbecho, descritos con mayor detalle en la sección "Barbecho y Rotación de Cultivos".

Los productores de papa del valle de Santa Cruz que tienen acceso al riego pueden producir mishka (temporada precoz de papas) cosechada en diciembre o enero como complemento de los cultivos principales de las áreas altiplánicas. Algunos agricultores producen dos cosechas de papa al año en una o dos hectáreas de tierra (Bentley y Velásquez 1998, p. 1).

Tenencia y Distribución de la Tierra

Antes de la Revolución Nacionalista de 1952 y de la reforma agraria subsiguiente, la distribución de la tierra en Bolivia era la más desigual de América Latina. Más del ochenta por ciento de la tierra potencialmente productiva estaba en manos del cuatro por ciento de los terratenientes (US LOC, capítulo 52), y casi el noventa por ciento de toda la tierra cultivada estaba bajo un sistema semifeudal, dominado por grandes haciendas (Oficina Nacional de Estadísticas y Censo de Bolivia, citado por Benton 1999, p. 43).

Casi el cincuenta por ciento de esta tierra fue redistribuida en los dos años de la reforma, pero las disparidades en la tenencia de la tierra persisten, especialmente entre regiones. El tamaño de las tierras dedicadas mayormente al cultivo de papa en los valles y el altiplano por lo general es de una a tres hectáreas, y son trabajadas por casi el ochenta por ciento de los agricultores de Bolivia. Las cooperativas agrarias o algún grado de control y manejo corporativo de las tierras comunales son prácticas comunes, principalmente mediante los sindicatos, que se establecieron en muchas comunidades rurales básicamente como organizaciones que proporcionan a las personas un medio para ganar acceso a la tierra (Bebbington 1998, p. 175). Sin embargo, en las tierras bajas del oriente, alrededor del sesenta por ciento de las explotaciones agrarias tienen cinco hectáreas o menos. Las explotaciones agrícolas comerciales pueden exceder las cinco mil hectáreas en Santa Cruz (US LOC capítulo 52).

Plan de Cultivos y Manejo de la Fertilidad

Barbecho y rotación de cultivos. El ciclo de barbecho ha sido esencial para la agricultura de la región andina desde hace muchos años, especialmente para las ubicadas a más altura. Los campos por lo general son cultivados exitosamente durante unos cuantos años y luego se dejan en barbecho por varios años e incluso décadas, tiempo durante el cual son usados para el pastoreo animal. Bajo condiciones climáticas normales, se han reportado campos de papa con rendimientos de quince toneladas por hectárea bajo sistemas de barbecho de largo plazo (INE, citado por Pestalozzi 2000, p. 65).

Un ejemplo de sistema de barbecho de gran altitud ha sido descrito en un lugar cercano a Cochabamba, en altitudes que varían entre 4,000 a 4,500 msnm, el límite máximo para la agricultura en esta región. El clima local está en el umbral de semiárido, con una estación veraniega lluviosa de noviembre a marzo de aproximadamente 400 milímetros de precipitación. Las heladas normalmente duran alrededor de 100 días durante el invierno seco, de abril a octubre, pero son localmente variables (Pestalozzi 2000, p. 65).

El sistema de barbecho es manejado por sectores (aynokas en aymara), cada uno de los cuales contiene cientos de campos separados por la vegetación natural, pues tan sólo los campos en tres sectores (por lo general adyacentes) son cultivados simultáneamente. Los campos de un sector cultivado recientemente se labran hacia el final de la estación lluviosa, y el primer cultivo, la papa, es sembrado al inicio de la siguiente estación de lluvias. Como se hace notar más abajo, la diversidad varietal de la papa es muy alta en los Andes de "alto riesgo climático", como los de esta área. Cuarenta variedades de cinco especies diferentes han sido identificadas en esta región (Saravia 1997, citado por Pestalozzi 2000, pp. 66-67). En el segundo año de cultivo, se siembra cebada, avena o quinua. En el tercer año, sólo cebada. Después de eso, los campos descansan por lo general nueve años, tiempo en el cual son usados para pastoreo y recuperación de la vegetación natural (Pestalozzi 2000, pp. 66-67).

La recuperación de la fertilidad del suelo durante el largo periodo de barbecho depende, en última instancia, del incremento de la biomasa de vegetación. Las especies comunes a las praderas andinas son típicamente hemicriptofíticas, con una biomasa subterránea compuesta sobre todo de raíces finas que se descomponen rápidamente una vez que los campos han sido labrados nuevamente, proporcionado de esta manera nutrientes para el inicio del cultivo de papa y de las otras rotaciones que le sigan. Los agricultores de esta área han estado usando cantidades limitadas de fertilizantes comerciales inorgánicos, además del abono animal, por lo menos desde mediados de los 80s. Los investigadores de este estudio se percataron de que las cantidades de fertilizante aplicados a los cultivos estaban muy bien correlacionadas con el estado nutricional del área inmediata, de acuerdo a lo determinado por la biomasa vegetal (ibid.).

La encuesta de producción de inicios de los 90 (Terrazas et. al. 1996) apoyó la creencia tradicional de que el barbecho es una práctica común de la cultura de papa de Bolivia, aunque la duración más larga descrita arriba es típica de las grandes alturas, no del país en su totalidad. Se reportó que las tierras en barbecho por tres años o más antes del cultivo de papa constituían más de un tercio de los campos muestreados. El monocultivo de papa, definido aquí como tres cultivos consecutivos de papa, es raro. La papa por lo general es el primer cultivo que sigue a un periodo de barbecho.

El barbecho y la rotación de cultivos están en dependencia no sólo de las decisiones de manejo agrícola, sino que también reflejan la disponibilidad de mano de obra. En Bolivia, como en muchos otros países, la población rural cuyos medios de vida son de "subsistencia", es decir, aquellos que no alcanzan la autosuficiencia económica mediante la combinación de producción de subsistencia con los ingresos de la venta comercial, pueden ser forzados a trabajar en labores no agrícolas para complementar los ingresos agrícolas. En Bolivia, algunos agricultores migran estacional o temporalmente para la cosecha de cultivos comerciales (tales como algodón, caña de azúcar, soya y vid) a las tierras bajas del oriente, e incluso a la Argentina. La migración rural hacia afuera puede tener un impacto importante sobre los planes de cultivo. La quinua, por ejemplo, es un cultivo muy nutritivo que tradicionalmente ha formado parte del sistema de rotación de la papa en gran parte de los Andes. Pero la cosecha y el procesamiento con mano de obra intensiva de este cultivo con frecuencia coincide con las oportunidades de trabajo en labores no agrícolas, lo que contribuye a la reducción del cultivo en algunas áreas y a la desorganización de los patrones de rotación (Hellin e Higman 2002, p. 6).

Control de la Erosión y Tratamiento de Suelos. La erosión es un severo desafío para la agricultura andina, donde las pendientes pueden ser muy pronunciadas. A menudo, los agricultores cultivan a lo largo de las líneas del contorno o construyen terraplenes de piedra para controlar la erosión. La construcción de terrazas de piedra, que demandan una mano de obra más considerable e intensiva, aunque muchas veces son promovidas por las agencias externas de desarrollo, no constituye una práctica común. En vez de eso, en muchas áreas andinas de Bolivia es común ver parcelas demarcadas por líneas de piedras, con pilas esparcidas en cada parcela. La remoción y consolidación de piedras de la superficie (un proceso denominado "habilitación" de la tierra) tiene una demanda mayor de mano de obra, porque las piedras pueden cubrir más de la mitad de la superficie de una parcela. Las piedras no sólo limitan el área de la tierra productiva, sino que constituyen una limitación a la labranza, especialmente si se usan bueyes. (Los bueyes por lo general se detienen cuando el arado golpea una piedra grande.) Las piedras son amontonadas en filas o terraplenes, y el proceso se repite cuanto sea necesario en los años siguientes ya que, como lo señaló un agricultor, "cada año las piedras se cuidan de aparecer porque la lluvia toma el suelo" (Clark et. al. 1999, p. 236). Los bordes de los terraplenes son altamente efectivos para controlar la erosión, debido a las limitaciones típicas de mano de obra del área rural de Bolivia. Un estudio realizado en un lugar de la provincia de Tarique, cerca de Cochabamba, a una altitud superior a los 3,430 msnm, estimaba que los terraplenes de piedra retenían 40 a 88 toneladas de sedimentos por hectárea cada año, con una pérdida neta de sedimentos que iba de los 38 a las 124 toneladas por hectárea en las tierras bajo cultivo (ibid., p. 238).

De acuerdo con las encuestas de producción de papa mencionadas anteriormente, nueve de cada diez campos de papa en Bolivia son fertilizados con abono, principalmente de ovejas. La mayor parte (aproximadamente 63 por ciento) de los agricultores confirmaron usar fertilizantes inorgánicos, especialmente en forma de NPK 18-46-0, o úrea. Las tasas de aplicación eran variables, pero por lo general eran mínimas, pocas veces excedían unas cuantas bolsas por campo (Terrazas et. al. 1996).

Heladas. Es uno de los problemas más comunes que atenta contra el crecimiento de Solanum tuberosum, subsp. andigena en Bolivia y otros lugares de los Andes. El daño por heladas suele ocurrir cuando la temperatura desciende a -2º C o menos (Hijmans et. al. 2003). Con excepción de S. ajanhuiri, las papas más tolerantes a las heladas generalmente son las variedades "amargas" que contienen niveles más altos de glicoalcaloides, por lo que deben ser procesadas antes de ser consumidas (descritas con mayor detalles en la sección de "Variedades").

El riesgo de las heladas puede ser minimizado mediante diversas prácticas culturales, como el cultivo en pendientes, donde la incidencia de heladas es menor que en el piso de los valles, o con la siembra de papas en camas elevadas. Sin embargo, la medida más efectiva para reducir el daño por heladas es el desarrollo de cultivares de papa con resistencia incrementada a este fenómeno. Hijmans et. al. (2003), usando una versión ligeramente modificada del modelo LINTUL de simulación de crecimiento de papas (Spitters 1987; Stol et. al. 1991) aplicada a la variedad de papa "gendarme", y datos climáticos del área de producción de papa de la región altiplánica, proyectó un significativo aumento potencial de la producción de papa si la resistencia a heladas se incrementara en tan sólo 1º C. Los autores añadieron que las respuestas de los agricultores a esas variedades (considerando muchos otros factores) podrían, por supuesto, ser importantes y siguen siendo desconocidas. Sin embargo, en el altiplano, donde la tierra es fácil de conseguir, los agricultores podrían ser capaces de tomar ventaja de la mayor tolerancia a las heladas para incrementar la producción en las zonas actualmente en uso con un grado mayor de seguridad, sin tener que ocupar áreas nuevas y más frías.

Ocurrencia y Control de Plagas y Enfermedades de la Papa


Esta lista dista de ser completa, pero incluye diversas enfermedades y plagas conocidas por causar serios problemas para el cultivo de la papa en el Perú. Para una información técnica más detallada sobre plagas y enfermedades particulares, por favor consulte las secciones pertinentes de:


 
Tizón Tardío (TT). Esta enfermedad es causada por el oomiceto patógeno Phytophthora infestans y constituye la limitación biológica más seria para la producción de papa en Bolivia y en todo el mundo. El TT es particularmente severo en áreas de clima fríos y húmedos, especialmente bajo condiciones de cultivo casi constante donde las esporas de P. infestans están siempre presentes como inóculos.

  • Para más información, por favor vea GILB (Global Initiative on Late Blight) Bolivia Profile.

Rizoctoniasis (Rhizoctonia solani_). Es un hongo que ataca los tubérculos, tallos subterráneos y estolones de la planta de papa, especialmente en suelos fríos y húmedos. Aunque la rizoctoniasis generalmente no daña el tubérculo, puede constituir un problema cosmético, con consecuencias potencialmente serias para los agricultores que producen papas para mercados en los que las papas lavadas y de aspecto saludable son importantes (G. Forbes, comunicación personal).

Enfermedades Virales. La infección viral de papas puede transmitirse a través de los tubérculo-semilla, causando un deterioro gradual y pérdida en el rendimiento de los cultivos a lo largo de varias temporadas. Sin embargo, este proceso ocurre muy lentamente en altitudes por encima de los 2,000 a 3,000 msnm.

Los virus que se han reportado en Bolivia son:

  • PVV (género Potyvirus): en la mayoría de los cultivares de papa los síntomas son de menor importancia, pero en algunas variedades la infección de PVV puede causar manchas necróticas en las hojas más bajas, en ciertos casos necrosis sistémica más severa y caída de la hoja, transmitida no persistentemente por áfidos Macrosiphum euphorbiae y Myzus persicae, y mecánicamente por la savia de la planta (Khurana y Garg 2003);
  • PYV (virus del amarillamiento de la papa, género Alfamovirus): este virus, ampliamente extendido en Bolivia, Chile y Perú, causa mosaico, amarillamiento y senescencia prematura en las plantas de papa, aunque algunas infecciones no causan síntomas perceptibles. Es transmitido por un áfido: Myzus persicae (ibid.);
  • PVT (Trichovirus T de la papa): esta infección por lo general no tiene síntomas, pero el virus puede inducir a un veteado leve de la hoja. Se puede transmitir por inoculación mecánica o injertos, pero no por áfidos Macrosiphum euphorbiae o Myzus persicae (Salazar y Harrison);
  • APLV (Tymovirus Latente de la Papa Andina): a pesar de que por su nombre suena inofensivo, este virus puede causar síntomas serios, tales como necrosis en la punta de las hojas y mosaico severo. Un vasto rango de temperaturas diurnas (típico de muchas partes de Bolivia) parece favorecer la expresión de los síntomas (EPPO).

Marchitez Bacteriana. Enfermedad que se transmite por el suelo y que puede conllevar a la pérdida completa del cultivo de papa, la marchitez bacteriana no ha sido reportada a grandes alturas de los Andes (por encima de los 2,800 msnm aproximadamente), pero podría suponer una amenaza a las plantaciones más comerciales ubicadas en altitudes más bajas, especialmente en los valles de Santa Cruz. Sin embargo, la extensión de los cultivos perdidos debido a la marchitez bacteriana no está bien estudiada aún.

Gorgojo de los Andes. Esta plaga de insectos (Premnotrypes spp.), puede ser una seria limitación biológica para la producción de papa, especialmente a mayor altura (por encima de los 2,800 msnm) tanto en Bolivia como en otros lugares de los Andes. Los gorgojos adultos, no voladores y que pasan desapercibidos, entran a los campos de papa desde las parcelas adyacentes y depositan sus huevos en la base de las plantas de papa. En este punto son muy susceptibles a los insecticidas. Sin embargo, si los agricultores no entienden completamente el ciclo de vida del gorgojo, posiblemente esperarán hasta que la larva blanca sea visible en el suelo oscuro antes de tomar alguna acción. Las poblaciones de gorgojo están facultadas para incrementarse a través del cultivo continuo de papa, porque permanecen en los tubérculos que no son removidos desde la cosecha. La rotación de cultivos, incluida la pastura, por lo tanto, sigue siendo una importante medida de control (Crissman, Espinosa et. al. 1998, p. 105).

El gorgojo de los Andes tiene pocos enemigos naturales en los campos de papa, lo que constituye un reto para desarrollar estrategias potenciales de Manejo Integrado de Plagas (MIP). Sin embargo, se han intentado algunos métodos de MIP, por ejemplo en Ecuador los agricultores usan trampas, en las cuales el follaje de la papa tratado con un insecticida de reducida toxicidad es usado como un cebo para los gorgojos adultos (G. Thiele, comunicación personal).

Nemátodos. El nematodo del quiste de la papa, Globodera pallida y G. rostochiensis, constituyen una seria plaga de la papa en Bolivia y otras partes de la región andina. Se transmite a través del suelo.

Polilla de la Papa. La larva de esta polilla pueden construir caminos en el interior de los tubérculos, causando daños al reducir la postura de las plantas o produciendo plantas raquíticas. El CIP ha trabajado en el desarrollo del virus de granulosis como una técnica del manejo integrado de plagas.
 

VARIEDADES Y SISTEMAS DE SEMILLAS

Variedades

Siete especies de papa se siembran actualmente en los Andes, incluida Solanum tuberosum y otras seis especies cultivadas exclusivas de la región. Se han identificado cuatro niveles de ploidía, de 2n = 24 a 2n = 60. La tetraploide S. tuberosum ssp. andigena es la más común, representando más de dos tercios de las papas cultivadas (ibid.). La hibridación natural entre las especies cultivadas y las silvestres raramente ha sido reportada, debido en parte a la práctica común de abandonar los campos después de un año de cultivo (Brush et. al. 1994, p. 1190). No obstante, se han utilizado especies silvestres andinas para cruzamientos artificiales (Hawkes y Hjerting 1989).

Las múltiples variedades de papas cultivadas actualmente en Bolivia por lo general se pueden distinguir como (Thiele 1998, p. 87):

  • "Variedades mejoradas", producidas y distribuidas por los programas de mejoramiento, por lo general incorporan características específicas, como la resistencia a una enfermedad(es) particular(es);
  • Variedades nativas comerciales, que no se obtienen mediante el sistema formal, pero que están dirigidas al mercado;
  • Variedades nativas no comerciales, sembradas para el consumo local.

En Bolivia es posible encontrar cientos de variedades de papas nativas, entre las cuales alrededor de treinta o cuarenta son sembradas de manera extensa (Thiele 1998, p.86). Esta alta confianza en las variedades nativas se relaciona con la geografía boliviana, debido a que las variedades mejoradas por lo general tienen más demanda donde existe una precipitación adecuada y el riesgo climático es menor, como por ejemplo en los "Andes verdes" del norte de Perú y de Ecuador. En esas regiones, el área sembrada con variedades mejoradas puede superar el ochenta por ciento, aunque es un poco menos (alrededor de sesenta por ciento) en los "Andes amarillos" del sur-centro de Perú (como Cusco), y mucho menos en las áreas de "alto riesgo climático" (especialmente en el altiplano) de Bolivia. Encuestas realizadas entre consumidores urbanos de La Paz revelaron que las variedades mejoradas representaban menos del cinco por ciento del consumo doméstico de papa (Espinosa 1996, citado por Thiele 1998, p. 85).

Una variedad adicional, la "papa amarga" (Solanum x juzepczukii, Solanum x curtilobum), se cultiva entre los 3,000 y 4,000 msnm, básicamente en tierras que también se usan para pasturas, frecuentemente bajo rotación con cultivos forrajeros como la avena o la cebada, seguidos por periodos de barbecho de varios años. Las papas amargas toleran las heladas mucho mejor que otras papas debido a su alta concentración de glicoalcaloides, en cantidades suficientes para hacerlas tóxicas para el consumo humano en su estado natural. Debido a que las heladas constituyen una seria limitación al cultivo de la papa en Bolivia, las papas amargas se siembran de manera regular. Hijmans (1999) estimó que las papas amargas representan por lo menos 25 por ciento del área total sembrada con papas del altiplano, lo que coincide con estimados previos. De esa área, aproximadamente el 60 por ciento son Solanum x juzepczukii, y 33 por ciento son Solanum x curtilobum (Canahua y Aguilar 1992; Huanco 1992). Los genes de las papas amargas han sido usados para el mejoramiento de otras variedades de papa más que en programas dirigidos propiamente a las papas amargas (Arbizu y Tapia 1994).

Para transformar las papas amargas en un producto comestible, los pobladores andinos que habitan en ambientes extremadamente fríos preparan desde hace siglos el chuño. Las papas son esparcidas en el suelo y expuestas a las heladas nocturnas, a la mañana siguiente se las pisotea cuando aún están congeladas. La pulpa resultante es puesta a secar con el sol intenso del mediodía bajo capas de paja. Este proceso se repite diariamente durante aproximadamente dos semanas, quedando el producto completamente deshidratado, al que se denomina chuño negro. Un lavado adicional y algunos días más de procesamiento, producen el llamado chuño blanco. Éste se usa en guisos o es consumido como pan y puede ser guardado por más de diez años (Arbizu y Tapia 1994).

La producción de Chuño requiere no sólo de bajas temperaturas, sino también de temperaturas diurnas extremas lo cual es característico de los Andes bolivianos, pero no de los "Andes verdes", situados más al norte. Por lo tanto, el chuño representa un desafío climático que los pobladores no sólo han enfrentado sino transformado en una fuerza creativa. Este proceso de preservación vía liofilización ha sido usado en muchos otros productos, incluida la carne; el término inglés "jerky" (cecina) se deriva del vocablo quechua ch'arki (Encyclopedia Britannica). Las comidas liofilizadas como el chuño proporcionaron los medios para que el imperio incaico pudiera mantener grandes almacenes de alimentos por largos períodos de tiempo como un seguro contra el hambre y para el sostenimiento de sus ejércitos en el campo.

  • Para una descripción de las papas amargas y de otros tubérculos andinos oca, mashwa, y ulluco (también conocido como papalisa) vea: Andean Tubers, por C. Arbizu y M. Tapia del CIP.

Erosión Genética

La erosión genética en los cultivos es la "pérdida de variabilidad de las poblaciones del cultivo... (referida a) la heterogeneidad de los alelos y genotipos con sus morfotipos y fenotipos acompañantes" (Brush/FAO). La erosión genética, reconocida por primera vez por los exploradores botánicos H. V. Harlan y M. L. Martín en 1936, puede ocurrir debido a diversos factores, entre los cuales se encuentra el desplazamiento de las especies silvestres endémicas y/o de los cultivares, posiblemente hasta el punto de la extinción, por variedades recientemente introducidas. Esta posibilidad se acrecienta al máximo cuando los agricultores producen papa para los mercados comerciales y se enfrentan con presiones para complacer estándares específicos de calidad y entregar papas más genéricas y de menor variabilidad.

Este tema ha sido estudiado exhaustivamente en el Perú, donde la adopción de variedades mejoradas por lo general es más grande que en Bolivia, con la probable excepción de los valles de Santa Cruz. (Si desea ver más sobre este tema, consulte la sección "Modernización y Diversidad" del capítulo sobre Perú en este mismo atlas.) No obstante, un informe de C. Ochoa sobre una misión de recolección realizada en Chile, Perú y Bolivia confirmó reportes previos sobre la declinación en el número de papas nativas observadas (Ochoa, citado por Brush/FAO).

El Sistema "Informal" de Semillas

En una acepción más amplia, un "sistema de semillas" se define como "un conjunto interrelacionado de componentes que incluyen mejoramiento, manejo, reemplazo y distribución de semillas" (Thiele 1998, p. 84). Gran parte de los tubérculos-semilla usados en Bolivia, así como en otros lugares de los Andes, han sido producidos y distribuidos por los propios agricultores (en el sistema informal), pero las explotaciones agropecuarias por lo general no son autosuficientes por grandes periodos de tiempo. Los agricultores necesitan adquirir tubérculos-semilla de una fuente externa, al menos ocasionalmente, por muchas razones, entre ellas:

  • Para reemplazar los tubérculos perdidos debido a enfermedades severas u otras emergencias críticas;
  • Para reemplazar los tubérculos que gradualmente van perdiendo su potencial de rendimiento, por ejemplo debido a una infección viral;
  • Para obtener nuevas variedades (Tripp 1997, citado por Bentley y Velasques 1998, p. 1).

Los agricultores por lo general no mantienen una parcela especializada para la producción de semillas, en vez de eso separan una parte de su cosecha principal para este propósito. La clasificación de los tubérculos en la cosecha es generalmente una responsabilidad de las mujeres, que juegan un rol primordial en el manejo de los tubérculos-semilla. En un estudio realizado en cuatro comunidades cerca de Cochabamba, se le preguntó a los pobladores quién era el responsable principal que determinaba la variedad de papa a sembrar cada año. Cuando se hizo la pregunta con relación a cada una de las 26 variedades, en muchos casos la decisión se tomaba conjuntamente por los esposos y las esposas, pero en algunos otros, eran las mujeres las que habían seleccionado la respectiva variedad. No hubo casos en los que el hombre fuera el único responsable de la elección de una variedad (Iriarte et. al. 1999). La(s) razón(es) para preferir una variedad en vez de otra no fueron identificadas, y podría ser objeto de futuras investigaciones.

Las redes de intercambio de tubérculos-semilla de papa suelen ser muy complejas en Bolivia. El flujo se inicia a gran altura donde los tubérculos-semilla por lo general son de más alta calidad, debido a que la degeneración por virus u otras enfermedades o la infestación de plagas ocurren de manera mucho más lenta. Un agricultor con reputación local de producir tubérculos-semilla de alta calidad puede vender en su chacra o cerca de ella para retener un "certificado vecinal" de calidad, con el cual puede demandar un precio más alto (Thiele 1998, p. 87). Los agricultores de las altitudes intermedias con frecuencia adquieren la semilla de esas fuentes de más altitud, y las usan para producir papas de consumo y multiplicarlas para uso posterior propio como semilla. Los agricultores de las tierras más bajas, donde la semilla se degenera más rápidamente, pueden depender completamente de la semilla de los productores de las alturas. El sistema debe operar con precisión, porque de él depende el ensamblaje de los periodos de producción entre regiones (ibid.), particularmente desafiante para un país grande con una baja densidad poblacional. Las aldeas en Bolivia distan docenas de kilómetros unas de otras y están separadas de las ciudades por cientos de kilómetros.

Entre grandes distancias, la reputación de los comerciantes especializados conocidos por la calidad de sus productos, puede reemplazar la "certificación vecinal" de un agricultor local (Thiele, op.cit.). Sin embargo, por lo menos dos variedades de comerciantes participan en el sistema informal: los camioneros, que tienen vehículos de gran envergadura; y los rescatistas, que tratan con volúmenes menores. El mejoramiento de los caminos y un volumen más grande de acarreo desde los años 50 y 60 han incrementado el volumen de semilla comprada (sin embargo, "informal") (Bentley y Vasques 1998, p. 2).

El Sistema "Formal" de Semillas

El sistema formal se refiere a los tubérculos-semilla producidos y distribuidos por instituciones auspiciadas por el estado (posiblemente con alguna participación del sector privado, y de organizaciones no gubernamentales). Las semillas del sector formal por lo general han sido objeto de un proceso de inspección con el fin de asegurar que la semilla sea de la variedad que se afirma, que tenga baja incidencia de enfermedades o de infestación de plagas y, por lo tanto, que sea viable. A este tipo de semilla con frecuencia se le denomina "semilla certificada", aunque la definición precisa de este término varía según la localidad. En Bolivia, la semilla certificada proveniente del sector formal representa alrededor del dos por ciento de la demanda total, del cual la mayor parte es usada por las explotaciones medianas del valle de Santa Cruz (Thiele 1998, p. 84).

Desde 1989, la principal organización responsable del desarrollo de nuevas variedades de papa en Bolivia es PROINPA, que opera con asistencia financiera de la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (COSUDE), en asociación con el CIP y el Banco Mundial. PROINPA ofrece cantidades limitadas de nuevas variedades y proporciona otros servicios, tales como el de "limpieza" (de infecciones virales) de las variedades existentes. PROINPA proporciona semillas a PROSEMPA, un servicio de multiplicación de semillas, para la liberación y multiplicación mediante grupos de agricultores. Otra organización activa en el sistema formal de Bolivia es SEPA, una empresa productora de semillas que intenta convertirse en una empresa comercial independiente.

Aunque en términos cuantitativos el rol del sistema formal es de menor importancia, el tubérculo-semilla que proporciona puede, en última instancia, ser significativo en términos de mejorar la producción, dependiendo del área y variedad. En la medida que se conserva la semilla, puede acrecentarse cualquier beneficio en los años siguientes a su lanzamiento inicial (Brown y Scheidegger 1995, p. 5). Para los agricultores de pequeña escala de Bolivia, el uso más racional de las semillas del sector formal por lo general consiste en adquirir una pequeña cantidad (especialmente si el interés está puesto en una nueva variedad) y multiplicarla para la producción sucesiva (Thiele 1998, p. 90).

  • PROINPA ha asumido el liderazgo en el desarrollo y promoción de "semilleros rústicos", construidos con materiales locales para una mejor producción de semillas de las variedades recientemente introducidas. Una descripción de esta iniciativa, incluyendo diseños y presupuestos, está contenida en Rustic Seedbeds.

El beneficio potencial del sistema formal de semillas para los agricultores, al introducir variedades mejoradas y/o nuevas de tubérculos-semilla, es un reto muy grande en Bolivia debido a las enormes distancias para el transporte y el aislamiento de muchos productores de papa. Algunos grupos pequeños de productores se acomodan a esas limitaciones comprando mini tubérculos "pre básicos" de PROINPA o SEPA y produciendo "semilla básica" de la cual se produce la "semilla certificada". (Estos términos describen los pasos en el proceso de creación de material de alta calidad de una determinada variedad libre de enfermedades y plagas.) La producción se realiza en camas protegidas de semillas, las que adecuadamente manejadas pueden rendir cincuenta kilogramos de semilla básica a partir de un kilogramo de pre básica.

CONSUMO, ALMACENAMIENTO Y COMERCIALIZACIÓN

Consumo

Tomando como base estimados promedio de los años 2002-2004, el consumo de papa en Bolivia es de aproximadamente 91 kilos por persona al año, ó 0.25 kilos (ligeramente por encima de media libra) por día (FAOSTAT). Sin embargo, este promedio oculta la tremenda variación del consumo de papa entre las áreas rurales y urbanas en Bolivia. No es inusual que los campesinos rurales consuman alrededor de 250 kilogramos por persona anualmente. Dicho de otra manera, una familia de ocho miembros puede consumir más de once kilos (o aproximadamente 25 libras) de papas en dos días (Bentley y Vasques 1998, p. 1).

Almacenamiento

El almacenamiento de las semillas y de las papas para consumo por lo general se hace en los mismos hogares y no en depósitos especializados. Bentley y Vasquez (1998, p. 8) han señalado que en el pasado los donantes respaldaron la construcción de silos comunales para el almacenamiento de papa, que en pocas ocasiones han durado porque su control ha sido asumido por una sola familia o simplemente abandonado.

Comercialización

La venta más comercial es la de las "variedades comerciales" de papas frescas, aunque el proyecto Papa Andina está trabajando con los productores en el desarrollo de otros nichos de mercado, incluyendo a las papas nativas, y la integración con los agronegocios interesados en el procesamiento de papas fritas.

  • Ese esfuerzo se describe en The Papa Andina Project: Adding Value to Local Knowledge and Biodiversity of Andean Potato Farmers, de G. Thiele y A. Devaux.

Bolivia no importa ni exporta cantidades significativas de papa (Scott y Maldonado 1998). Sin embargo, como ya se señaló, la importación (incluida la venta comercial y las donaciones) de otros productos agrícolas, como arroz y maíz, han generado una fuerte competencia para los agricultores bolivianos de papa, especialmente en los mercados urbanos.Para una descripción más detallada de la comercialización de papa generalmente relevante para Bolivia, véase la sección "comercialización" del capítulo sobre Perú.
 

CENTROS DE INVESTIGACIÓN Y CONTACTOS

Promoción e Investigación de Productos Andinos (PROINPA) es una organización sin fines de lucro orientada a promover la innovación tecnológica y la conservación, uso, manejo y desarrollo de los recursos genéticos en beneficio de los agricultores y de toda la nación.

Semillas de Papa de Bolivia (SEPA) es una organización dirigida a asegurar la disponibilidad permanente de semillas de papa de calidad para abastecer a los semilleristas de las diferentes zonas agroecológicas.
 

COLABORADORES

Kelly Theisen es el colaborador principal del capítulo revisado (2006) sobre la papa en Bolivia, algunas secciones están basadas en la edición previa de Robert Rhoades, Robert Hijmans, y Luisa Huaccho.

Graham Thiele y Greg Forbes proporcionaron información y asesoría mediante comunicaciones personales.

Este capítulo fue traducido de inglés por Zoraida Portillo.
 

REFERENCIAS

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