CENTRO INTERNACIONAL DE LA PAPA: ATLAS MUNDIAL DE LA PAPA

   PERÚ

HISTORIA Y VISIÓN GENERAL

El cultivo de papa en las regiones andinas del Perú se remonta a por lo menos el quinto milenio antes de Cristo, de acuerdo a la evidencia encontrada en sitios cercanos a Ayacucho, al centro sur de los Andes, así como en varias localidades de la costa del Perú (Cowan y Watson 1992, p. 188). Una mayor evidencia de que esta región se encuentra dentro del centro de origen de la papa se apoya en los estudios que indican una gran riqueza de especies silvestres en el norte y centro del Perú (en el actual departamento de Ancash, el sur de Cajamarca, La Libertad y Lima), y en el área del departamento del Cusco al sur del Perú (Hijmans y Spooner 2001). Una investigación más reciente realizada por David Spooner (2005) proporcionó mayor evidencia sobre un lugar más específico de origen en el Perú, al norte del lago Titicaca.

Aunque la papa es uno de los alimentos más importantes del Perú y ha sido esencial en la dieta de los pobladores peruanos desde hace siglos, en las últimas décadas su producción se ha visto terriblemente afectada por fuerzas externas a las comunidades que la siembran. La producción y el consumo ha venido cayendo desde la década de los 60 hasta mediados de los 80, debido principalmente a políticas económicas que han encarecido las papas muy por encima de los cereales importados o producidos localmente. La insurgencia de Sendero Luminoso, a principios de los 80, causó tremenda conmoción en el Perú, especialmente en la región andina, donde ocurre la mayor parte de la producción de este tubérculo. Con una política económica más liberal y el fin de la insurgencia a mediados de los 90s, la producción y el consumo de papa han resurgido. En general, la tendencia de la producción de papa en el Perú desde los 60s es hacia mayores rendimientos en menos áreas.
 
Gráficos de Producción

Acerca de estos gráficos

La papa en el Perú es primordialmente un cultivo de agricultores independientes en pequeños minifundios. Hacia 1984, aproximadamente el 75 por ciento de toda la producción ocurría en tierras de menos de tres hectáreas dedicadas a las papas, y sólo el cinco por ciento de la producción tenía lugar en grandes latifundios, mayores a veinte hectáreas (CIP/ PRACIPA 1984, citado por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO)). Esa tendencia parece persistir: en 1990, más del ochenta por ciento del cultivo de papa (por área) era producida por agricultores de pequeña escala que cultivaban menos de una hectárea de papa (Vilca 1990, citado por Brown y Scheidegger 1995).

El Perú es considerablemente más urbanizado que sus vecinos andinos de Perú y Bolivia. Entre 1975 y 2002, la población urbana creció desde aproximadamente 61 a casi 74 por ciento del total nacional, con más de un tercio de la población del país viviendo en Lima (PNUD). Los mercados urbanos, por lo tanto, son extraordinariamente importantes para la comercialización de la papa, incluyendo la producción comercial especializada de los valles de la costa.
 

GEOGRAFÍA Y ZONAS DE PRODUCCIÓN

Geografía Física

Las oportunidades y riesgos que enfrentan los productores de papa en los Andes varían tremendamente debido a factores geográficos. De manera general, la región andina puede clasificarse en tres zonas agroecológicas (Tapia 1993, citado por Hellin e Higman 2002, p. 3):

  • Andes Verdes (norte del Perú y Ecuador) con precipitaciones generalmente adecuadas y mínima variabilidad climática;
  • Andes Amarillos (centro del Perú y este de Bolivia) con precipitaciones más variables;
  • Andes de Alto Riesgo Climático (sur del Perú y altiplano de Bolivia).

Estas distinciones, no obstante, deben ser tratadas como categorías muy amplias de uso limitado para entender lugares particulares, debido a que la región andina es muy compleja y localmente variable. Cruzando distancias cortas, las diferencias en altitud, pendientes y otros aspectos pueden dar como resultado una tremenda diversidad de suelos, drenajes, exposición solar, regímenes de temperaturas diurnas y condiciones de evapotranspiración. Las zonas donde es factible la agricultura dentro de un valle con frecuencia están aisladas de otras zonas agrícolas de los valles adyacentes por áreas extensas de mucha altitud (Brush et. al. 1994).

  • En el Archivo Digital Europeo de Mapas de Suelos (European Digital Archive of Soil Maps), Peru  se encuentran muchos mapas con clasificaciones más específicas -por ejemplo por tipo de suelos, zonas agroecológicas y uso de la tierra. Muchas de esas imágenes han sido digitalizadas de mapas impresos, de claridad variable.

El cultivo de papa es un elemento importante de un sistema más grande de control vertical, por el cual cada comunidad explota simultáneamente diversas zonas ecológicas dentro de este complejo medioambiente andino. El cultivo de papa y de otros tubérculos con frecuencia ocurre en la puna o jalka, bajo áreas sujetas a heladas que son usadas principalmente como pasturas, pero a altitudes mayores que la zona kichwa, donde generalmente se siembran granos. La zona principal más baja de cultivo, llamada montaña, yunga o temple, es utilizada para cultivos tropicales como camote, coca, caña de azúcar, yuca, llantén y diversas frutas. Para las comunidades andinas es común estar localizadas cerca de los bordes que separan la zona kichwa de la jalka, en cercana proximidad a tierras propicias para las papas, pero al mismo tiempo accesibles a los cultivos de granos situados debajo y a las pasturas, arriba (Brush 1977, pp. 8-13). El control vertical es una estrategia seguida por los agricultores minifundistas individuales de escala local así como también por las comunidades. Los agricultores de papa en los Andes tradicionalmente trabajan varias parcelas no adyacentes, algunas veces ampliamente dispersas en las tierras de la comunidad, para aprovechar la variedad de nichos ambientales (Brush 1977, p. 6; Paige 1975, p. 192).

Distribución Regional de la Producción de Papa


 
 
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       Acerca de este mapa
 
 

Más del noventa por ciento de la producción de papa del Perú se cultiva por encima de los 2,500 metros sobre el nivel del mar (msnm) hasta un límite de 4,000 msnm (en el caso de las papas amargas), en los Andes centrales. Un área más pequeña (estimada entre 5,000 a 10,000 hectáreas) en los valles costeros al oeste de la sierra es dedicada a la producción comercial bajo riego, la cual satisface la demanda de papa de los mercados urbanos, principalmente Lima, donde las papas de los Andes son menos disponibles (Brown y Scheidegger 1995, p. 65). Aunque esta área está a mucha menor altitud que los cultivos de papa de los Andes, la corriente de Humboldt del Pacífico mantiene las temperaturas nocturnas lo suficientemente frías para permitir la formación de los tubérculos de papa.
 

SISTEMAS DE PRODUCCIÓN Y SUS LIMITACIONES

El Calendario Agrícola

Una importante estrategia de manejo de control vertical es la oportunidad que proporciona a las comunidades agrarias para mantener una demanda relativamente consistente de mano de obra y abastecimiento de alimentos a lo largo del año. El calendario de cultivo de la papa debe ser visto, sin embargo, dentro del contexto de un calendario agrícola más vasto que es, al mismo tiempo, complejo y pleno. Por ejemplo, en Uchucmarca, una aldea cerca a Cajamarca, en los "Andes verdes", la cosecha de papa generalmente ocurre desde diciembre hasta marzo, la de maíz en marzo y abril, y las de trigo, cebada, frejoles y lentejas en julio y agosto (Brush 1977, p.100). Debido a que las variaciones medioambientales locales pueden determinar los ciclos de cultivo (por ej. la duración de un cultivo hasta la maduración, generalmente más largo a altitudes mayores), puede haber considerables variaciones en el calendario de cultivos, localmente a través de los nichos medioambientales, así como temporalmente a través de los años.

Generalmente en los Andes peruanos, la producción de papa se divide en dos ciclos: la "campaña chica" (maway tarpuy, también conocida en quechua como misqa) y la "campaña grande" (hatun tarpay), aunque los ciclos generalmente son considerados sinónimos de las zonas físicas.

Campaña Chica (Maway Tarpay). El cultivo del ciclo maway, típico de altitudes entre los 3,000 y 3,800 msnm, comienza en junio y dura hasta setiembre, la cosecha va desde setiembre hasta febrero, dependiendo de las variedad y las condiciones locales. En altitudes mayores de los Andes centrales y orientales, la maway es por lo general pequeña, siendo más importante la hatun tarpay (S. de Haan, comunicación personal). Sin embargo, en las pendientes de los Andes occidentales, que dan hacia el Amazonas, el maway es el cultivo principal porque la estación que coincide con el hatun es muy húmeda, incrementando el riesgo de tizón tardío.

Campaña Grande (Hatun Tarpay). La siembra comienza en octubre y va hasta diciembre, cosechándose desde marzo hasta junio. Es típica de altitudes entre los 3,800 y 4,100 msnm, dependiendo, como siempre, de la variedad y condiciones locales. Las especies de papas amargas (vea más sobre este tema en "Variedades y Sistemas de Semilla) por lo general son sembradas más temprano y cosechadas más tarde que las otras especies debido a su más largo periodo vegetativo.

Una excepción a los modelos estacionales típicos claramente definidos de maway y hatun tarpay es el ciclo de cultivo de Solanum phureja, una especie de maduración precoz y sin dormancia que es cultivada más de tres veces al año por encima de los 3,000 msnm, pero que parece especialmente propensa a la erosión genética y a la consiguiente pérdida de cultivares (S. de Haan, comunicación personal).

Operaciones en los Valles Costeños. Donde existe riego, los valles costeros se han convertido en centros de producción comercial de papa. En este sistema, el calendario agrícola complementa al cultivo andino, porque las papas son sembradas entre mayo y julio y cosechadas y comercializadas de agosto a diciembre, cuando no existen suficientes papas andinas para satisfacer la demanda urbana (Brown y Scheidegger 1995, p. 65). El barbecho no es común y la tierra es por lo general usada para cultivos comerciales, algunas veces papa en rotación con algodón, maíz u hortalizas para los mercados urbanos.

Otros Factores de Tiempo. En muchas comunidades andinas las operaciones agrícolas en parte son determinadas por las fases de la luna. La actividad agrícola por lo general es considerada peligrosa en los días de luna nueva o luna llena. El cuarto creciente que sigue a la luna nueva (llamada luna verde) se considera como una fuerza positiva para el crecimiento del cultivo, mientras que el cuarto menguante indica fuerza negativa. Sin embargo, la duración relativa de la fase lunar es balanceada con el nivel percibido de fertilidad del suelo. La principal preponderancia es que las dos fuerzas, la fase lunar y la fertilidad del suelo, no deben estar en armonía, sino opuestas una a la otra. Dos fuerzas positivas (una parcela con alta fertilidad del suelo combinada con una luna creciente) puede proporcionar energía excesiva a las plantas, de tal manera que podrían gastar demasiada energía en el crecimiento vegetativo a costa del desarrollo del cultivo, mientras que la mano de obra aplicada durante el cuarto creciente en una parcela de baja fertilidad podría dar como resultado un pobre crecimiento de la planta y un fallo del cultivo. La cosecha es mejor durante la fase de cuarto creciente de fuerza negativa, dado que la fuerza positiva de este tiempo solamente podría contribuir a las plagas. Debido a que muchos agricultores cultivan una mezcla de parcelas más o menos fértiles, su colocación de mano de obra en cada una es guiada parcialmente por la fase lunar (Brush 1977, pp. 102-103).

En el sur de Perú y Bolivia, un área muy propensa a la sequía y los riesgos climáticos, los agricultores guian el tiempo de su cultivo de papa por otras observaciones celestiales. Cada año durante el festival de San Juan, a fines de junio, coincidiendo con el solsticio de invierno en el sur, observan la visibilidad de las Pléyades, un conglomerado de estrellas en la constelación de Tauro. Si las Pléyades aparecen especialmente radiantes pudiéndose contar fácilmente todas las estrellas, los agricultores pueden esperar lluvias abundantes cuatro meses más tarde y una buena cosecha de las papas sembradas tardíamente en la estación. Si las Pléyades aparecen tenuemente, es de esperarse pocas lluvias posteriormente en la estación y es esencial la siembra temprana. Lo que podría parecer una curiosidad antropológica está fuertemente sustentada por investigación científica adicional. La escasa visibilidad de las Pléyades en junio, causada por nubes de cirros en las altitudes que no son fácilmente visibles, pero que pueden afectar la percepción de la luz de las estrellas, es un indicador de un año de El Niño, que en esta región está ligado frecuentemente a una reducción de las lluvias varios meses despúes (Orlove et. al. 2001).

Tenencia y Distribución de la Tierra

Como consecuencia de las reformas agrarias de los 60s y 70s, la tenencia de la tierra en el Perú, que alguna vez estuvo dominada por las grandes haciendas se volvió más igualitaria. Gran parte de la nueva distribución de la tierra fue mantenida como tenencia colectiva bajo la forma de Cooperativas Agrarias de Producción o CAPs (Atle et. al. 2003). Tal como describe Stephen Brush (1977) en Uchucmarca, cerca de Cajamarca, al norte de los Andes centrales, los derechos de usufructo, por ejemplo el derecho a usar una parcela o terreno, estaba garantizado a la manera tradicional de forma tal que las parcelas continuaban como propiedad privada dentro de la comunidad. La tierra podía ser heredada o intercambiada con otros miembros de la comunidad, pero no podía ser enajenada por la comunidad mediante venta o intercambio con individuos o intereses ajenos a la misma. La tierra menos productiva para la agricultura, como las áreas de pastizales de la jalka fuerte, con frecuencia era mantenida en común.

Aun habiéndose liquidado el sistema de tenencia dominado por las grandes haciendas, la propiedad dentro de las comunidades campesinas no es perfectamente igualitaria. En las comunidades andinas descritas, una concentración de tenencia, sea por compra o herencia, era más típica de las tierras en las zonas kichwa o templado, las principales zonas de producción de cereales en altitudes debajo de la jalka donde se concentra el cultivo de papa. La tierra en la jalka estaba disponible de buena fe, por petición a la comunidad, para sus residentes, y una extensión menor para los inmigrantes recién llegados o familias mantenidas por hombres que se habían casado en la comunidad (ibid.).

Ha habido un cambio en los años recientes para promover más titulación individual de la tierra. En los 80s, muchas CAPs dividieron informalmente las tierras entre sus miembros, aunque los activos sociales y algunas tierras se han mantenido bajo propiedad colectiva (Atle et. al. 2003). Durante el mandato del presidente Fujimori, que comenzó en 1990, el gobierno promovió titulaciones adicionales individuales de tierras vía reformas legales que intentaban incentivar las opciones de venta, alquiler o hipoteca de las tierras de los agricultores. Para 1994, el 41 por ciento de las tierras agrícolas tenían alguna forma de titulación, pero una pequeña cantidad de ellas (17 por ciento) estaban registradas con el gobierno, en parte debido a dificultades legales y burocráticas para hacerlo (Del Castillo, citado por Atle et. al. 2003). La mayor parte de las tierras agrícolas de los Andes, especialmente donde se siembran papas, permanecen esencialmente como un activo de las comunidades a disposición de sus miembros individuales.

Patrones de Cultivo y Manejo de la Fertilidad

Barbecho y rotación de cultivos.  A grandes altitudes en los Andes (3,500 a 4,300 msnm), los sistemas de rotación y barbecho por lo general están basados en los sistemas comunales de tenencia de la tierra, y son conocidos por nombres locales: laymes, suretes, anyokas, o aisha. La rotación tradicionalmente empieza con papas nativas, seguida al segundo año por una mezcla de otros tubérculos andinos como oca, mashua y/u olluco, y al tercer año por quinua o cebada. Dependiendo de la presión de los pobladores de la localidad, un periodo posterior de barbecho podría durar entre dos a siete años. Otra práctica común es el llamado majadeo, por el cual el cultivo de papas nativas es mezclado con rotación de pasturas. Las papas por lo general son sembradas en áreas donde el ganado ha estado concentrado para aprovechar los residuos de estiércol. El barbecho puede durar de tres a diez años, dependiendo de la ubicación y disponibilidad de tierras para la comunidad local (S. de Haan, comunicación personal).

En altitudes más bajas, los diseños de rotación son extremadamente variables. Las papas tienden más a ser "mejoradas" en oposición a las variedades nativas, y crecen en una amplia variación de sistemas de rotación, que con frecuencia incluye habas, alfalfa y/o maíz. Los barbechos generalmente son más cortos, de unos dos años de duración, y las papas pueden cultivarse en una parcela dada después de un intervalo de tres a cinco años (ibid.).

Erosión y terrazas.  El cultivo de papa en las tierras en pendiente de los Andes puede causar una severa erosión de suelos, un desafío que los agricultores han manejado durante siglos con las terrazas agrícolas. La tradición de terrazas extensas está limitada a la parte sur del Perú, aunque en otras partes, por ejemplo cerca de Cajamarca, los agricultores construyen paredes de retención de contornos paralelos que impiden la escorrentía del suelo y lentamente forman terrazas ligeramente inclinadas (Becker 2001, p. 11). Un sistema muy extensivo de terrazas que data de por lo menos 500 años (y a veces de más tiempo) puede apreciarse en diversas áreas del sur del Perú, como en el valle del Colca cerca de Arequipa. Aunque nunca se ha emprendido un inventario serio del área de tierras bajo terrazas en el Perú, la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe) estimó, en 1989, en dos millones de hectáreas el área de campos en terrazas (citado por Inbar y Llerena 2000, p. 72), gran parte de las cuales han sido abandonadas. Un estudio realizado en 1986 en el valle del Colca estimó que el 62 por ciento de las terrazas estaban abandonadas, de un 90 por ciento que se encontraban a mayor altura (Denevan 1986, citado por Inbar y llerena 2000, p. 72). El abandono es prácticamente total en las terrazas sin irrigación en las áreas donde las precipitaciones regulares hacen dudosa la inversión de semillas y de mano de obra, especialmente cuando los precios del cultivo son bajos (Inbar y Llerena 2000, p. 78).

Las tasas de erosión son afectadas fuertemente por el grado y tipo de cobertura vegetal, pero indirectamente son producto de la escasez de mano de obra, y por lo tanto de un mantenimiento reducido de las estructuras protectoras, resultante de la migración de los habitantes de las comunidades andinas a las ciudades. Por ejemplo, en la cuenca del río santa Eulalia, aproximadamente a ochenta kilómetros al este de Lima, el crecimiento de la población permanece estático a pesar de las altas tasas de nacimiento porque la gente joven emigra al área de Lima. Los valores de rendimiento de los sedimentos, medidos mediante estudios de lluvia simulada, con frecuencia han sido muy bajos en las terrazas que aún están bajo cultivo, pero podrían ser muy altos en años de lluvias intensivas, como suele ocurrir en los años de El Niño. Las tormentas lluviosas de alta magnitud pueden ser extremadamente erosivas en las terrazas sin cultivos y con deficiente mantenimiento. Irónicamente, la erosión de suelos en muchas comunidades andinas podría ser causada por una reducida presencia humana, porque los suelos siguen la migración de las personas a las ciudades, principalmente a la costa (Invar y Llerena 2000, p. 78).

Fertilizantes Comerciales.  El uso de fertilizantes comerciales para el cultivo de papa en el Perú sigue un patrón muy general, según se trate de pequeños agricultores o de producción comercial. La mayor parte del cultivo de papa del país es sembrado por agricultores independientes, con frecuencia en mezcla para subsistencia y para venta comercial, con muy bajos niveles de fertilizantes comerciales y otros insumos comprados. Sin embargo, tales insumos son muy usados por los productores de papa a gran escala, principalmente en los valles de la costa, al oeste de los Andes. Una encuesta realizada recientemente en La Encañada, un área cercana a Cajamarca, indicó que sólo un treinta por ciento de los agricultores de papa de esa localidad aplicaban fertilizantes, aunque algunos aplicaban estiércol de pollo cuando estaba disponible. Entre aquellos que usaban fertilizantes, la tasa de aplicación promedio era de aproximadamente treinta kilos (kg) de nitrógeno por hectárea. En comparación, en el área de Carchi, en Ecuador, donde se ha venido dando una producción comercial de manera más intensiva durante muchos años, los agricultores por lo general aplican 140 kg de nitrógeno (y de elementos nutrientes) por hectárea (Bowen 2003).

Ocurrencia y Control de Plagas y Enfermedades de la Papa


Esta lista dista de ser completa, pero incluye diversas enfermedades y plagas conocidas por causar serios problemas para el cultivo de la papa en el Perú. Para una información técnica más detallada sobre plagas y enfermedades particulares, por favor consulte las secciones pertinentes de:


Tizón Tardío (TT).  Esta enfermedad, conocida en algunas áreas del Perú como rancha, es causada por el oomiceto patógeno Phytophthora infestans. El TT es la limitación biológica más seria para la producción de papa en Perú y en todo el mundo. Es particularmente severo en áreas de clima más frío, especialmente bajo condiciones de cultivo casi constante donde las esporas de P. infestans están siempre presentes como inóculos. Se estima que el quince por ciento del área sembrada con papa en el Perú se pierde debido al TT, a pesar de las muy constantes aplicaciones de fungicidas (T. Walker citado por Nelson et. al. 2001). La percepción de los agricultores parece consistente con esos estimados, en una encuesta realizada en 1997 y 1998, el TT fue identificado por los agricultores peruanos como la limitación biológica más seria (Ortiz et. al. 1998, p. 102).

Muchos agricultores recurren a rociar fungicidas como primera medida para controlar el TT, pese a que se ha reportado que por lo menos un fungicida, el metalaxil, ha perdido su efectividad. Las fórmulas en uso incluyen fungicidas ditiocarbamates, que han sido clasificados por la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos como un posible carcinógeno humano (Nelson et. al. 2001, p. 688). El costo monetario de los fungicidas para los agricultores varía mucho, pero los promedios son de aproximadamente US$150 por hectárea, equivalentes al 10-15 por ciento de los costos totales de producción (Ortiz et. al. 1998, p. 106). Aunque la difusión de variedades resistentes de TT potencialmente podrían abordar este problema, con frecuencia los agricultores mantienen las aplicaciones de fungicidas incluso con las variedades resistentes, tal vez porque siembran plantas resistentes y variedades susceptibles juntas en la misma parcela y las fumigan todas en común (ibid., p. 105).

Desde 1994, el Centro Internacional de la Papa (CIP) trabaja con la organización no gubernamental CARE para entender mejor, vía la investigación participativa de los agricultores, las percepciones y prácticas de los agricultores peruanos de papa sobre su manejo de las plagas y enfermedades de este cultivo. Este esfuerzo ha incluido un mayor énfasis en el TT desde 1997 con el objeto de proporcionar a los agricultores oportunidades para aprender más sobre el TT, estar involucrados en la prueba y selección de variedades resistentes al TT; seleccionar métodos adicionales para el control de plagas y enfermedades; y para mejorar el manejo de cultivos en general (Nelson et. al. 2001). El programa incluye técnicas de manejo integrado de plagas (MIP) para explorar alternativas al uso exclusivo de rociar fungicidas. La participación de los agricultores en este trabajo ha sido exitosa al identificar variedades que no solamente son resistentes al TT, sino que también satisfacen otras necesidades.

Para más información, vea:

Rizoctoniasis (Rhizoctonia solani).  Es un hongo que ataca los tubérculos, tallos debajo del suelo y estolones de la planta de papa, especialmente en suelos fríos y húmedos. Aunque la rizoctoniasis generalmente no daña el tubérculo, el efecto cosmético puede disminuir seriamente el valor de las papas producidas para mercados especializados que requieren productos lavados y de aspecto saludable (G. Forbes, comunicación personal).

Enfermedades Virales.  Considerando que el área de origen de la papa comprende el territorio actual del Perú, no es sorprendente que muchos virus que afectan a las papas hayan sido identificados aquí. Las infecciones virales de las papas pueden transmitirse mediante los tubérculos-semilla, causando un deterioro gradual y la pérdida de rendimientos. Sin embargo, los procesos ocurren más lentamente a más altitud. Una encuesta reciente indica que los virus no son una causa principal de degeneración de los tubérculos-semilla en las alturas (por encima de los 2,000 msnm) donde tiene lugar la mayor parte de la producción de papa del Perú (Fankhauser 1999), pero el tema está aún en investigación. Los virus considerados más potencialmente responsables de la degeneración de tubérculos incluyen al PVX (virus X de la papa), PVY y PLRV (virus del enrollamiento de la papa) (Khurana y Garg, 2003, p. 168).

Marchitez Bacteriana.  Enfermedad que se transmite a través del suelo y que puede conllevar a la pérdida completa del cultivo de papa, la marchitez bacteriana no ha sido reportada en las alturas de los Andes (otra vez, por encima de los 2,800 msnm), pero podría suponer una amenaza para la producción más comercial en las altitudes más bajas de la costa.

Gorgojo de los Andes.  Esta plaga de insecto (Premnotrypes spp.) puede ser una limitación biológica seria para la producción de papa, especialmente en altitudes elevadas (aproximadamente por encima de los 2,800 msnm) en Perú y otros lugares de los Andes.

Los gorgojos adultos, no voladores y que pasan desapercibidos, entran a las parcelas de papa desde los campos adyacentes y depositan sus huevos en la base de las plantas de papa. En este punto son muy susceptibles a los insecticidas. Sin embargo, si los agricultores no entienden completamente el ciclo de vida del gorgojo, posiblemente esperarán hasta que la larva blanca sea visible en el suelo oscuro antes de tomar alguna acción. Las poblaciones de gorgojo están facultadas para incrementarse a través del cultivo continuo de papa, porque permanecen en los tubérculos que no han sido removidos desde la cosecha. La rotación de cultivos, incluida la pastura, sin embargo, sigue siendo una importante medida de control (Crissman, Espinosa et. al. 1998, p. 104 - 105).

El gorgojo de los Andes tiene pocos enemigos naturales en los campos de papas, lo que desafía el potencial de las estrategias de MIP. Sin embargo, algunos métodos de MIP se han intentado en Ecuador, donde los agricultores están usando trampas en las que el follaje de la papa tratado con un insecticida de reducida toxicidad se usa como un cebo para los gorgojos adultos (G. Thiele, comunicación personal).

Polilla de la Papa.  Las larvas de esta polilla pueden construir caminos en el interior de los tubérculos, causando daños al reducir la postura de las plantas o produciendo plantas raquíticas. El CIP ha trabajado en el desarrollo del virus de granulosis como una técnica del manejo integrado de plagas.
 
Mosca Minadora.  Esta mosca, Liriomyza huidobrensis, puede convertirse en una limitación para la producción de papa, debido a que las larvas recién incubadas se alimentan de las hojas, lo que trae como resultado características "minas" parduscas en las hojas, que se van volviendo marrones a medida que el tejido de las hojas se necropsia. También reduce la capacidad fotosintética. La mosca puede llegar a ser una plaga muy severa en áreas donde se han usado insecticidas de manera intensa (reduciéndose así las poblaciones de insectos que controlan a los minadores) y donde se siembran cultivares particularmente susceptibles, una característica de la producción de papa en la costa peruana. La mosca es oriunda de Sudamérica, pero se ha convertido en una plaga de las plantaciones de papa en diversos continentes.

La estrategia de manejo está basada en el uso de cultivares de papa resistentes o tolerantes y en el manejo de hábitats que favorezcan el incremento de los enemigos naturales. Cuando la mosca se vuelve una plaga de cuidado, se usan trampas para capturar las moscas adultas y reguladores de crecimiento de insectos selectivos.

  • Para más información sobre las estrategias de Manejo Integrado de Plagas (MIP) desarrolladas por el CIP en el valle de Cañete, Perú, vea: IPM of Leafminer.

VARIEDADES Y SISTEMAS DE SEMILLA

Variedades

Como resultado del aislamiento físico de los valles andinos, las poblaciones de papas silvestres han podido permanecer en su ámbito local con pequeños cambios a través de lugares contiguos. Aparentemente, pasa lo mismo con las papas cultivadas, porque poblaciones del cultivo también pueden permanecer localizadas. En un mismo valle se pueden encontrar más de cien variedades, y una docena o más pueden mantenerse en una misma parcela agrícola (Brush 1992, p. 151). Por necesidad, la estrategia seguida por muchos agricultores andinos de papa ha sido mantener esencialmente la autosuficiencia, aunque se ha incrementado el intercambio con una mayor comercialización (Brush et. al. 1994, p. 1191).

La estrecha atención prestada por los agricultores andinos a la abundancia de sus variedades de papa es lo que al parecer ha originado la nomenclatura utilizada como herramienta para distinguir y, por lo tanto, mantener tan amplio rango de variedades. En una encuesta realizada a fines de los 80s entre agricultores cuyos campos se ubicaban entre los 3,600 y 3,850 metros de altitud en la provincia de Paucartambo, departamento de Cusco, en el centro sur de los Andes peruanos, se les pidió proporcionar los nombres locales usados para reconocer las variedades de papa, los que eran comparados con la variabilidad genética de cada una, según lo indicado por los fenotipos electroforéticos. La correspondencia entre la identificación de los agricultores y los fenotipos electroforéticos fue alta en una pequeña escala espacial (especialmente en chacras individuales), pero esta correspondencia se erosionaba entre chacras y especialmente a través de regiones más grandes. El error más común era aplicar el mismo nombre local a diferentes tipos, subestimado de esta manera el grado de diversidad genética en sus colecciones. En la medida que esto en general sea cierto, sugiere que podría seguir existiendo una cantidad substancial de variación inexplorada en las poblaciones de papas andinas cultivadas (Quiros et. al. 1990). También podría significar que en la medida que una colección de papas ex situ se basa en la taxonomía popular, podría errar por el lado de subestimar la variedad genética.

En los Andes crecen actualmente siete especies de papa, incluida la Solanum tuberosum y otras seis especies cultivadas exclusivas de la región. Se han identificado cuatro niveles de ploidia, de 2n = 24 to 2n = 60. La tetraploide S. tuberosum spp. Andigena es, de lejos, la más común, representando más de dos tercios de las papas cultivadas (ibid). La hibridación natural entre las especies cultivadas y silvestres raramente ha sido reportada, debido en parte a la práctica generalizada de abandonar los campos después de un año de cultivo (Brush et. al. 1994, p. 1190). Las especies silvestres andinas, no obstante, han sido utilizadas para cruzamientos artificiales (Hawkes y Hjerting, 1989).
Los centenares de diferentes variedades de papa cultivadas en la actualidad se pueden distinguir como:

  • "variedades mejoradas", producidas y distribuidas por los programas de mejoramiento, generalmente incorporando características específicas (como resistencia a una enfermedad(s) particular(s), etc.);
  • variedades nativas comerciales, que no se obtienen en el sistema formal, pero que son aceptadas en los mercados;
  • variedades nativas sin valor comercial, sembradas para consumo local (Thiele 1998 p. 87).

Una especie adicional, la papa amarga (Solanum x juzepczukii, Solanum x curtilobum), se cultiva entre los 3,000 y 4,3000 metros de altitud, en tierras usadas tradicionalmente para pasturas, con frecuencia bajo rotación con cultivos forrajeros como cebada o avena y con períodos de barbecho de varios años. Las papas amargas toleran las heladas mucho mejor que otras papas debido a su alta concentración de glicoalcaloides, suficiente para hacerlas tóxicas para el consumo humano en su estado natural. Los genes de las papas amargas se han usado más para el mejoramiento de otras variedades de papa que para programas dirigidos directamente hacia las propias papas amargas (Arbizu y Tapia 1994).

Para convertir las papas amargas en un producto comestible, los pobladores andinos han preparado el chuño desde hace muchos siglos. Las papas son esparcidas sobre la tierra y expuestas a las heladas nocturnas, a la mañana siguiente se las pisotea cuando aún están congeladas. La pulpa resultante es puesta a secar con el sol intenso del mediodía bajo capas de paja. Este proceso se repite diariamente durante aproximadamente dos semanas, quedando el producto completamente deshidratado, al que se denomina chuño negro. Un lavado adicional y algunos días más de procesamiento, producen el llamado chuño blanco. Éste se usa en guisos o es consumido como pan y puede ser guardado por más de diez años (ibid.).

Dado que el chuño no puede elaborarse sin una temperatura diurna extrema, el límite de la producción de chuño por el norte es, de manera general, el área de los "Andes Verdes" de Cajamarca (Enciclopedia Británica). Como tal, el chuño representa un desafío climático que los pobladores no solamente han enfrentado sino transformado en una fuerza creativa. Este proceso de preservación vía liofilización ha sido usado para muchos otros productos, incluida la carne; el término inglés "jerky" (cecina) se deriva del vocablo quechua ch'arki (ibid.). Las comidas liofilizadas como el chuño proporcionaron los medios para que el imperio incaico pudiera mantener grandes almacenes de alimentos por largos períodos de tiempo como un seguro contra hambre y para el sostenimiento de sus ejércitos en el campo.

  • Para una descripción de las papas amargas y de otros tubérculos andinos oca, mashwa, y ulluco (también conocido como papalisa) por favor vea: Andean Tubers, por C. Arbizu y M. Tapia del CIP.
  • El artículo del informativo de INCOPA, Rescuing an Ancestral Flavor, contiene información sobre la preparación del chuño blanco.

Modernización y Diversidad

La enorme diversidad genética de las papas encontrada en los Andes peruanos está amenazada por la "erosion genética", es decir, la pérdida de variación genética y la subsiguiente reducción de la base genética de las papas cultivadas, debido en gran parte a las presiones comerciales y a la introducción de nuevas variedades (que por lo general son sembradas para satisfacer las preferencias comerciales del mercado) que podrían desplazar a los cultivares locales. No obstante, la extensión y la tasa de la erosión genética sigue siendo incierta.

Se podría hacer una evaluación completa de los efectos de los mercados modernos y comerciales de papas sobre la estructura de la población de variedades de papas nativas solamente como referencia para una encuesta completa de los cultivares locales en un área determinada, como paso previo a la introducción de variedades mejoradas. Sin embargo, en ausencia de dichos datos, se hizo un estimado de tales efectos mediante una comparación, en 1990, de dos áreas aparentemente similares en su riqueza inicial de variedades nativas, pero con variaciones en el grado y lapso de tiempo en la adopción de variedades modernas. Esas dos áreas son el valle de Tulumayo, a cincuenta kilómetros al este de Huancayo, en el centro del Perú, y el valle de Paucartambo, a cincuenta kilómetros al este del Cusco, en el sur. Ambos son centros muy bien conocidos de diversidad de papa, desde donde se han exportado tubérculos-semilla de variedades nativas a otras regiones. Las variedades mejoradas fueron introducidas por primera vez en Tulumayo en 1950 y en Paucartambo en 1960. La otra diferencia destacada entre ellos es que Tulumayo es, en muchos aspectos, una comunidad más "moderna", mucho más integrada dentro de una economía regional más grande mediante trabajos no agrícolas y la migración, y con muchos más hispano-hablantes. En contraste, en Paucartambo predominan los quechua-hablantes y de alguna manera mantiene una mayor identidad étnica indígena. En ambas comunidades, la distribución de la tierra es bastante igualitaria, reflejando la reciente reforma agraria y la redistribución de las tierras abandonadas (Brush et. al. 1991, pp. 374-375).

En muchos aspectos, la comparación entre las dos comunidades fue consistente con las expectativas, por ejemplo, que los agricultores en el más moderno "Tulumayo" sembraran una proporción más grande de variedades mejoradas (medidas por área de terreno), invirtieran más en sus cultivos de papa, alcanzaran rendimientos más altos y vendieran una mayor proporción de cultivares nativos y variedades modernas. Aún así, y quizá paradójicamente, los agricultores en Tulumayo sembraban en promedio un número más alto de variedades nativas, aunque en menos tierras (Brush 1992). Un posible patrón a través del tiempo, aunque de difícil verificación ante la ausencia de estudios más amplios y exhaustivos, es que poco después de la introducción de nuevas variedades ocurre un periodo de rápida erosión genética, pero que el sistema posteriormente restablece un balance en el que los cultivares nativos son retenidos.

El control vertical (remítase a la sección "Geografía y Zonas de Producción"), como un rasgo esencial de manejo de la agricultura andina, parece ser relevante para la retención de las papas nativas. En ambas comunidades, las variedades mejoradas estaban concentradas en zonas altitudinales intermedias (entre los 3,000 y 3,800 msnm), mientras que las papas nativas se concentraban en zonas más altas, desde los 3,800 hasta los 4,100 msnm. Como las papas nativas generalmente son cultivadas juntas en lotes comunes, sin una parcela espacialmente diferente para cada variedad, sería de esperarse que la menor área dedicada a las papas nativas diera como resultado una pérdida varietal a través de una eliminación aleatoria, aunque quizás podrían ocurrir algunas compensaciones mediante el intercambio entre fincas. Aunque una comparación de los dos lugares proporciona datos insuficientes sobre los cuales basar una conclusión, el intercambio de las semillas nativas parece ser mucho más común en el más "moderno" valle de Tulumayo, si bien la venta de las semillas nativas, de acuerdo con la encuesta, apareció como ligeramente más común en el más "tradicional" valle de Paucartambo (Brush et. al. 1992).

Las explotaciones individuales parecen ser la más relevante unidad de manejo, y existen muchas razones por las cuales los agricultores andinos escogen retener algunas papas nativas a pesar de la adopción de variedades modernas, entre ellas:

  • Cualidades inherentes: las papas nativas ofrecen demostradas cualidades superiores inherentes, tales como su aptitud culinaria o su capacidad mejorada de almacenamiento debido a un mayor contenido de materia seca (Brush 1995, p. 348);
  • Factores socio-económicos: la adopción de variedades modernas en Paucartambo parece ser sensible al estatus socio-económico. Otro factor sería la igualdad: tanto las explotaciones ricas como las pobres adoptan en términos relativamente bajos las variedades modernas. La ausencia de acceso a los mercados de créditos y seguros, y probablemente la información sobre las opciones de nuevas tecnologías, parece desanimar a los agricultores pobres de asumir el riesgo de sembrar una parte importante de sus fincas con variedades modernas. De otro lado, los agricultores ricos, pueden ser "adoptantes en menor escala" de las variedades modernas debido a que pueden darse el lujo de sembrar variedades tradicionales que generalmente se consideran papas superiores. (Brush et. al. 1991, p. 379);
  • Razones culturales: por ejemplo, las papas nativas son apreciadas como regalo y esperadas en muchas comunidades andinas como pago por el intercambio de mano de obra (op. cit.);
  • Comercialización: se estima que la producción comercial de papas nativas representa entre quince y cuarenta por ciento de las plantaciones agrícolas en las regiones altas de los Andes centrales y del sur del Perú (Zimmerer 2003, p. 108). Aunque los mercados más grandes por lo general ofrecen un rango pequeño de variedades familiares, existen "nichos de mercado" para variedades tradicionales, incluidos los tubérculos-semilla. Ocasionalmente, una nueva variedad gana alguna popularidad en el mercado, por ejemplo las variedades "nativas comerciales" de la papa amarilla, ampliamente comercializada en el Perú, incluso en los supermercados de Lima;
  • Estrategia de subsistencia de largo plazo: el mantenimiento de las variedades locales no refleja necesariamente una resistencia al cambio por parte de los agricultores andinos, sino que quizás sea un medio para mantener abiertas varias opciones que pueden usarse en ambientes heterogéneos y para satisfacer diferentes metas y necesidades.

Dichos factores pueden ser más pertinentes en el "área central" de diversidad de la papa, la región andina que abarca desde el centro del Perú hasta el norte de Bolivia. Fuera de esa área, el potencial de erosión genética puede ser mayor (Ochoa 1975). Carlos Ochoa proporcionó un ejemplo con la Solanum hygrothermicum, una papa alguna vez cultivada a través de un área vasta que iba desde el sudeste hasta el norte del Perú, en áreas forestales de considerable rango altitudinal, pero bien adaptada para sobrevivir en las cálidas regiones húmedas del Perú. Sin embargo, hacia el año 2000, no podían encontrarse colecciones vivas de esta especie, en gran parte debido a la conmoción social que vivió el Perú y a la consiguiente ruptura de las tradiciones agrícolas establecidas hace largo tiempo (Ochoa 2000).

El Sistema "Informal" de Semillas

Un "sistema de semillas", en una acepción amplia, es definido como "un conjunto interrelacionado de componentes que incluyen mejoramiento, manejo, reemplazo y distribución de semillas" (Thiele 1998, p. 84). Gran parte de los tubérculos-semilla usados en el Perú, como en otros lugares de los Andes, han sido producidos y distribuidos por los propios agricultores (en el sistema informal).

Los agricultores, por lo general, no mantienen una parcela especializada para la producción de semillas, en vez de eso separan una parte de la cosecha principal para este fin. La clasificación de los tubérculos después de la cosecha es generalmente una responsabilidad de las mujeres, que juegan un rol primordial en el manejo de los tubérculos-semilla (Brush 1992, p. 167; Zimmerer 2003, p. 116). Las variedades se mantienen separadas, con excepción de las variedades nativas no comerciales que son más propensas a sembrarse combinadas (Thiele 1998, p. 86). Los tubérculos-semilla con frecuencia son almacenados en las casas y no en almacenes especiales (Horton 1987, p. 136, citado por Thiele 1998, p. 86).

La preferencia en el tamaño de los tubérculos-semilla es determinada en el contexto de otras necesidades esenciales, subsistencia y (para muchas parcelas) venta comercial. La preferencia resultante con frecuencia son tubérculos-semilla de tamaño mediano o pequeño-mediano, lo que no necesariamente significa que, idealmente, tubérculos-semilla más grandes siempre sean mejores. En los lugares donde los agricultores siembran una parte de su cultivo de papas en áreas propensas al déficit hídrico regular al comienzo de la estación de siembra (la "campaña grande" o hatun tarpay) en octubre o noviembre, se prefiere por lo general semilla más grande, mientras que las áreas de riesgo moderado se adaptan mejor a un tubérculo-semilla más pequeño. La selección del tamaño adecuado del tubérculo-semilla para nichos particulares proporciona, de este modo, un ejemplo de la adaptación intravarietal que el "sistema informal" (es decir los propios agricultores) maneja cuidadosamente, pero que no podría ser considerado completamente por el sistema formal (Zimmerer 2003).

Los flujos locales de semillas que maquillan el sistema informal con frecuencia son complejos y operan sobre distancias considerables. Las áreas especializadas en producción de tubérculos-semilla generalmente están a más altura, donde la degeneración de semillas debido a infecciones virales ocurre mucho más lentamente. Los agricultores en las altitudes intermedias adquieren la semilla, la utilizan para producir papas para consumo y a menudo la multiplican para su propio uso. Los agricultores en altitudes más bajas, como las de la costa peruana, sólo producen papas de consumo para venta comercial, y son más propensos a comprar anualmente semilla de las tierras altas (Brown y Scheidegger 1995, p. 66). Como se mencionó anteriormente en la descripción de los valles de Paucartambo y Tulumayo, ciertas áreas pueden llegar a ser muy conocidas por la alta calidad de sus semillas, tanto modernas como nativas. El área y sus agricultores parecerían ser, por tanto, un factor de calidad y no solamente las variedades disponibles, las cuales, en todo caso, están cambiando constantemente. El sistema requiere una coordinación en el tiempo y el espacio, pues los tubérculos-semilla deben estar disponibles de un área a otra cuando una nueva producción siga a la anterior (Thiele 1998, p. 88). Esto no ocurre siempre fácilmente. Zimmerer (2003, p. 115) informó que en Paucartambo (al este del Cusco), a pesar del alto costo de las semillas, estimado en un diez a treinta por ciento de la producción total, los suministros de tubérculos-semilla en los mercados locales (tanto en Paucartambo como en Cusco) no son siempre dignos de confianza.

El Sistema "Formal" de Semillas

El sistema formal de semillas se refiere a los tubérculos-semilla producidos y distribuidos por instituciones auspiciadas por el estado (posiblemente con alguna participación del sector privado, y de organizaciones no gubernamentales). Las semillas del sector formal por lo general han sido objeto de un proceso de inspección con el fin de asegurar que la semilla sea de la variedad que se afirma, con baja incidencia de enfermedades o infestación de plagas y, por lo tanto, viable. Este tipo de semilla es denominado con frecuencia "semilla certificada", aunque la definición precisa de este término varía según la localidad. Sólo una pequeña cantidad de todos los tubérculos-semillas usados por los agricultores en el Perú es proporcionada por el sistema formal, estimándose en menos del cinco por ciento de la demanda total de los países andinos en general (Fankhauser 1999).

El sistema formal ha sido importante en el Perú principalmente como un medio para introducir nuevas variedades, incluidas muchas seleccionadas por su resistencia a riesgos específicos, en particular al tizón tardío. Los agricultores han estado involucrados muy activamente en el proceso de selección de nuevas variedades, incrementando las posibilidades de una vasta adopción (Thiele 1998, p. 90). El uso de tubérculos-semilla obtenidos a través del sistema formal probablemente sea lucrativo para los agricultores si obtienen pequeñas cantidades que puedan multiplicar posteriormente, dependiendo de factores tales como el precio de las semillas, la diferencia potencial en rendimientos y la importancia de la resistencia a la enfermedad. El proyecto SEINPA, por ejemplo, ha distribuido pequeños paquetes de tubérculos-semilla de variedades desarrolladas por el CIP, con la intención, por un lado, de modificar un poco el sistema informal y, por otro lado, para establecer grupos emprendedores que siembren y distribuyan la semilla (Thiele 1998, p. 95).
 

CONSUMO, ALMACENAMIENTO Y COMERCIALIZACIÓN

Consumo

El consumo de papa en los 60 era de aproximadamente 100 kg por persona, pero a mediados de los 80 había caído aproximadamente a 45 kg per capita. Las papas se habían encarecido en relación con los cereales debido a diversos factores políticos, entre los que se incluía una tasa de cambio sobrevaluada, subsidios a los cultivos domésticos de cereal, control de precios y otras restricciones de mercado (Scott et. al. 2000, p. 12). La insurgencia de Sendero Luminoso, que duró desde 1980 hasta comienzos de los 90, desgarró seriamente a gran parte del Perú y obligó a miles de habitantes rurales a refugiarse en enclaves urbanos. Hacia fines de los 80, el precio de las papas en relación con el arroz había alcanzado un pico histórico en Lima, que entonces representaba aproximadamente la mitad de la demanda nacional de alimentos comprados. Sin embargo, con el fin de la insurgencia y con políticas de mercado más liberales en los 90s, el precio relativo de la papa declinó, incrementándose la producción. Hacia 1995, el consumo había aumentado a 65 kg por persona (ibid.).

Almacenamiento

El almacenamiento de papas a largo plazo y, con frecuencia de muy larga escala, fue un elemento esencial del sistema de seguridad alimentaria del imperio incaico. Las áreas de gran altitud y más frías y los climas más secos fueron usados a menudo para la red de instalaciones de almacenamiento organizadas por el estado, tales como las halladas en el valle del Mantaro, entre Ayacucho y Huancayo, al sur de los Andes centrales, donde los arqueólogos han estimado la capacidad de las casas de almacenamiento en aproximadamente millón y medio de celemines (medida de capacidad para áridos, n. de t.) de granos, tubérculos y otros alimentos (D'Altroy y Harstorf 1984). Algunos agricultores andinos continúan con prácticas tradicionales como el almacenamiento de papas con hojas de plantas locales como la muña (Mintostachus mellis), una planta aromática con la cualidad de repeler insectos.

La disponibilidad comercial de papas en el Perú es bastante constante a lo largo del año, mediante la "campaña chica", la "campaña grande" y la siembra más especializada comercialmente de los valles de la costa. Por lo tanto, no es común encontrar grandes instalaciones para almacenamientos de larga duración (Wustman et. al. 1985). Muchos dueños de chacras mantienen las papas (tanto para semilla como para consumo) en sus hogares durante varios meses, aunque por lo general no en estructuras especializadas de almacenaje.

Comercialización

Muchos agricultores peruanos de papa participan en los mercados, pero no tienen experiencia comercial. En vez de eso, es muy común que se apoyen en la producción comercial parcial de un rango diverso de variedades. En 1990, el cultivo de papa en el Perú destinado a la venta comercial se estimaba en 40 por ciento, otro 35 por ciento era consumido localmente, 16 por ciento retenido para semilla y 9 por ciento usado para intercambio y otros propósitos (IICA - PROCIADINO citado por la FAO). La especialización comercial se ve obstaculizada por la declinación de los precios de la papa, que en términos reales ha caído en más de 200 por ciento desde la década de los 80, debido fundamentalmente, como ya se señaló, a la reanudación de suministros más grandes de papa y al acceso a mercados reconstruidos que siguió al fin del conflicto con Sendero Luminoso (Zimmerer 2003, p. 107).

El acceso de los agricultores a los mercados comerciales obviamente es variable, un factor significativo es la infraestructura, especialmente carreteras, y la disponibilidad de transporte (Escobal). Sin embargo, el acceso a la información de mercados es también otro factor importante, tal vez independiente de la infraestructura. Una encuesta realizada en 2001 en la provincia de Tayacaja, al sudeste de Huancayo, al sur de los Andes centrales del Perú, describió lo que constituye el rango tradicional de opciones para los agricultores de papa: pueden vender sus papas a los compradores que viajan al área ofreciendo compra directa en la puerta de la chacra; venderla a los mercados locales (en este caso a cualquiera de los dos); o venderla a mercados más grandes y distantes (en este caso a Huancayo o a los más distantes, pero mucho más grandes de Lima, la ciudad capital) (Vakis et. al. 2002).

Esta encuesta indicó que, como se esperaba, un mayor acceso a los mercados (en gran medida determinado por la proximidad y las condiciones de las carreteras) favorece la actividad comercial, por ejemplo si está correlacionado con transacciones en promedio más grandes. No obstante, existe alguna evidencia de que los agricultores con escaso acceso a los mercados son aquellos más proclives a confiar en los mercados locales; el acceso mejorado al mercado incrementa tanto la posibilidad de las ventas en la puerta de la chacra como las ventas a mercados más distantes (ibid.).

La encuesta también reveló la importancia de factores menos tangibles:

  • Información: los agricultores estaban más dispuestos a vender en aquellos mercados que les brindaban precios actuales de papa con un alto grado de confianza, porque conocían con exactitud los estimados de precios actuales y tenían experiencia en obtener los precios que esperaban;
  • Relaciones con los compradores potenciales: las habilidades de los agricultores para la negociación parecían ser muy importantes en determinar la variación de precios de venta en la puerta de la chacra y en mercados distantes, donde era menos posible conocer a los compradores;
  • Atributos personales de los agricultores: quienes venden en mercados más distantes por lo general son más acaudalados, mejor educados y más dispuestos a hablar español, tienen más experiencia de comercialización y siembran una proporción mayor de "cultivares mejorados" demandados por el mercado (ibid.).

Aunque el desarrollo de infraestructura es indudablemente un factor muy importante para reducir los costos de transacción de mercado, otros pasos dirigidos a incrementar la disponibilidad de información y la capacidad negociadora de los agricultores también pueden ser significativos. Las posibilidades incluyen la formación de comités locales responsables de la recolección y difusión de la información de mercados, y de esquemas de cooperación que permitirían a los agricultores participar en volúmenes de transacciones más grandes, especialmente si muchos no hablan castellano (ibid.).

A nivel nacional, Perú es esencialmente autosuficiente en papas, sin un volumen significativo de importación o exportación. Una excepción, sin embargo, es la importación de papas fritas congeladas para satisfacer la demanda de los restaurantes de comida rápida, especialmente entre la creciente población urbana. Para 1995, las importaciones más importantes provenían de Canadá, y un volumen más pequeño de Estados Unidos (Scott y Maldonado 1998, p. 223). Sin embargo, esta tendencia podría crecer en la medida que el Perú mantenga mercados abiertos según lo estipulado por los tratados internacionales de comercio, y los productos importados sean más baratos o satisfagan mejor a los mercados urbanos que las papas producidas localmente.
 

CENTROS DE INVESTIGACIÓN Y CONTACTOS

Las organizaciones más representativas del Perú son (sitios en español):

  • Instituto Nacional de Investigación Agraria y Agroindustrial (INIA;)
  • Proyecto Conservación In-Situ, un proyecto auspiciado por un conjunto de diversas organizaciones, dedicado a la conservación in situ de los recursos genéticos de los cultivos, incluida la papa;
  • RedePapa, información sobre la investigación de papa que se viene realizando en los diversos países andinos;
  • Papa Andina, un proyecto de investigación que abarca Perú, Bolivia y Ecuador, apoyado por el CIP y la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (COSUDE);
  • INCOPA (afiliado a Papa Andina), dirigido a aumentar las oportunidades de mercado para las papas.
     

COLABORADORES

Kelly Theisen es el principal colaborador del capítulo revisado sobre papa en Perú (2006), algunas secciones están basadas en la edición previa de R.E. Rhoades, R.J. Hijmans y L. Huaccho.

Graham Thiele, Stef de Haan, y Greg Forbes proporcionaron información y asesoría mediante comunicaciones personales.

Este capítulo fue traducido de inglés por Zoraida Portillo.
 

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